Hay cultivos que enseñan paciencia, y el zapallo es uno de ellos. Parte pequeño, tímido, casi sin llamar la atención, hasta que un día sus guías empiezan a recorrer la tierra buscando espacio, sol y vida.
En la huerta agroecológica, el zapallo no solo alimenta: también protege el suelo, conserva humedad y nos recuerda que crecer toma tiempo. Sus flores atraen polinizadores y sus frutos guardan el sabor de las estaciones.
Un dato curioso: mientras más rico en materia orgánica esté el suelo, más feliz crece el zapallo. Por eso el humus de lombriz y el compost son grandes aliados.
Tip de huerta: Si tienes poco espacio, puedes guiar sus ramas por una malla o cerca para que trepe y aproveche mejor el lugar.
Porque cultivar no es solo producir alimentos, también es aprender a observar los tiempos de la naturaleza.



